
Estudiaba en la facultad de Políticas del Imperio del Extrarradio. A veces Anna no podía evitar preguntarse el por qué seguía estudiando esta carrera, cuando el sistema político de la Multinación se hundía por momentos. Resignada, caminó sin rumbo alrededor de la puerta de la clase, y se encendió un cigarrillo para poder pasar el rato hasta que llegase el profesor de turno. No se relacionaba con la gente de por la mañana, su chiquillería, su falta de educación, la forma en la que se pasaban las clases de charla sin ningún respeto, y su mentalidad ególatra y abiertamente inculta, la disgustaban y asqueaban profundamente. Por otro lado, no le gustaba estar cerca de la gente cuando fumaba, prefería no molestar, y pasar todo lo desapercibida que pudieses.
Distraída, cogió un ejemplar de Multipaís, y otro del Planeta, sendos periódicos que representaban la mentalidad divergente de la Multinación. Se dio otro paseo, echándole un vistazo a los carteles que había colgados del tablón de anuncios. Buscaba alguna oferta de esquí, ahora que el calentamiento global se probó una falacia, y se encontraban a las puertas de una glaciación. Aquel otoño hacía frío, y las estaciones estaban abiertas, por lo que ofertas baratas para pobres currantes como ella eran fáciles de encontrar.
Un cartel le llamó la atención.
"Si no quieres, no dejes de fumar, pero hazlo en la calle!".
Miró a la puerta de cristal que daba a la calle, y suspiró. Normalmente lo hacía, pero estaba nevando y hacía mucho frío. Siguió leyendo similares carteles, en los cuales se amenazaba abiertamente a todos los fumadores. Su resignación, poco a poco, se convirtió en enfado. No hacía mucho, el Monarca de la Multinación había sacado algunas propuestas para proteger a los no fumadores, como la obligatoriedad de que se fumase única y exclusivamente en la calle, la división de los locales en zonas (cosa que no le parecía mal), e incluso multar a aquellos fumadores que fumasen en casa con niños, en el coche, o si eran denunciados por su asistenta (al considerarse un puesto de trabajo).
"A la calle!" bufó Anna, "a la calle como los perros!"
Ataque constante, la culpa la tenía siempre otras personas. El tabaco, una droga legal y de facil obtención, al alcance de cualquiera, pero que desarrollaba una horrible dependencia. Hace mucho que ella quería dejarlo, pero su caracter voluble y fuerte, y su ración de mala leche, le ponía en un aprieto a la hora de planteárselo. No le daba miedo dejarlo, le daba miedo enfadarse con todo el mundo y sufrir ataques de ansiedad. Había algunos tratamientos muy efectivos, entre centros de desintoxicación, hasta pastillas, pasando por los chicles que no hacían nada. Pero su mermado bolsillo no le permitía pagarse esas terapias tan necesarias.
Ello, si cabe, la enfadó aun más. Se estaban pagando cambios de sexo a los transexuales, pero el estado se negaba a pagarle unos dientes a sus abuelos, o una terapia de desintoxicación para dejar ese horrible vicio. Se les trataba como a perros, como a apestados, echándoles a la calle como si toda la culpa fuese suya (y lo era, pero ello no quitaba que no necesitasen ayuda). Todo ello en un peligroso parecido a los enfermos de lepra en la India, a los que se les da la espalda, por miedo a contagiarse. La salvedad es que, al saber que no te puedes contagiar, el trato recibido es similar al que recibe un chucho callejero que se pasea cerca de tu jardín. A patadas, con insultos, con ataques, con prohibiciones, echándolos fuera a patadas, al frío, a la nieve.
Pero nadie, ni el Faraón, ni los Gobernadores, ni los Reyes, ni la Emperatríz, ni el mismísimo Monarca de la Multinación, se habían parado a pensar en lo que realmente eran los fumadores. Eran personas enfermas, con una adicción, y que necesitaban un tratamiento, una ayuda, o algo para dejar de fumar. Acaso no se ayudaba a los cocainómanos, en clínicas de desintoxicación? Acaso no se ayudaba a los borrachos? Entonces en qué eran diferentes ellos?
Maldijo su suerte, y su estupidez cuando se dejó llevar por una tontería a los 17 años, y empezó a fumar, en un intento por integrarse. Al final, acabó siendo una solitaria, una sociópata, que no soportaba a las demás personas, y que (sin humildad alguna), se consideraba mejor que el resto de aquellos niñatos impresentables, que no conocían el término "educación" ni aunque les hubiesen sacudido con él. Todo ello por intentar integrarse en un grupo, utilizando su estupidez y descontrol adolescente. Todo ello para que ahora, la misma seguridad social que ella pagaba, les estuviese pagando cambios de sexo a los transexuales, pero no un tratamiento para su propia salud.
Resignada, entró en clase, intentando enfriar los humos de mala leche que le bullían en la sangre.